Bogotá, 11 de agosto de 2026
Colombia atraviesa momentos de profundo dolor después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el centro y el occidente del país durante la mañana del lunes 10 de agosto. El movimiento telúrico tuvo su epicentro en el municipio de San José del Palmar, perteneciente a la diócesis de Istmina – Tadó, en el departamento del Chocó. Las ciudades más afectadas han sido Pereira, Cali, Istmina, Quibdó, Manizales y Armenia, además de numerosos municipios y poblaciones rurales.
Los reportes territoriales más recientes indican que el número de víctimas mortales supera ya las doscientas personas. También se cuentan centenares de heridos, numerosos desaparecidos y miles de familias damnificadas. Las cifras continúan siendo provisionales, mientras avanzan las labores de búsqueda y rescate y se logra establecer comunicación con comunidades rurales que permanecen aisladas.
El terremoto provocó el colapso de viviendas y edificios, afectaciones en hospitales, centros educativos, carreteras, aeropuertos y servicios públicos, así como graves daños en templos y otras edificaciones eclesiales. En algunas zonas, las dificultades de acceso y comunicación hacen prever que la magnitud total de la tragedia solo podrá conocerse con el paso de los días.
Las Obras Misionales Pontificias de Colombia se han unido a la movilización de la Iglesia, manteniendo comunicación permanente con los directores diocesanos de OMP y de pastoral misionera presentes en todas las jurisdicciones, con especial énfasis en las regiones más afectadas. Esta red permite conocer las necesidades de las comunidades, compartir información y fortalecer la cercanía entre las Iglesias particulares.
Estamos viviendo momentos muy difíciles en nuestro amado país. Muchas familias han perdido a sus seres queridos, sus viviendas y sus medios de subsistencia. Como Obras Misionales Pontificias queremos estar cerca, escuchar, acompañar y ayudar. Esta dolorosa experiencia nos llama a fortalecer la comunión misionera y a seguir caminando en la esperanza que no defrauda, incluso en los momentos límite de nuestra existencia.
Las OMP de Colombia han invitado a toda su red nacional e internacional a permanecer unida en la oración y a expresar su solidaridad con las poblaciones afectadas. En medio de la destrucción y del dolor, la misión adquiere el rostro concreto de la cercanía, el consuelo, el servicio y la fraternidad.
La Iglesia en Colombia permanece junto a su pueblo. Mientras continúan las búsquedas y comienzan a identificarse las necesidades de reconstrucción, las comunidades cristianas renuevan su compromiso de no dejar solas a las víctimas y de sostener la esperanza con la oración y la solidaridad efectiva.
Pbro. Samir García Valencia
Director Nacional
Obras Misionales Pontificias de Colombia










